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Un beso y una flor. Nino Bravo y la ausencia

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Cuando se habla de Nino Bravo siempre aparecen expresiones del tipo: "una de las mejores voces de la música española", "artista inigualable" o "pérdida irreparable para nuestra música". Pero esa condición tan especial del artista no viene solo dada por los hechos que acompañan a estas afirmaciones. No voy a hablar de cómo ha cantado o si ha dejado un legado irreprochable en la música hasta su trágica desaparición o no. Hoy quiero hacer algo más que eso y es descubrir porqué los jóvenes de ahora recuerdan a este prodigioso cantante con un afecto y un cariño que ningún artista de su generación ha podido igualar.

Podríamos pensar que su muerte temprana ayudó en este terreno, pero en realidad lo único que esto despertó fue su carrera comercial aún más de lo que había conseguido en vida. Se sucedieron los homenajes, los duetos póstumos y las reediciones, fueran estas con material inédito o no. La más reciente, Nino Bravo en Libertad bajo la producción de Guille Milkyway de La Casa Azul no es sino una muestra más de cómo el poder magnético de este artista sigue muy presente en las nuevas generaciones.

Podríamos pensar también que su característica voz contribuyó a hacer crecer su leyenda. Pero esto sería más bien un dato residual, ya que encontraríamos voces similares como la de Francisco en el ámbito nacional o la de Tom Jones en el internacional, que aunque siguieron un camino diferente, podrían haber cosechado ese mismo sentimiento gracias a su torrente vocal. Pero no lo hicieron, o al menos no de una forma tan profunda.

Quizá su vida fuera del escenario fuese la que conquistó al público. Fue un hombre de origen humilde, que creció en el mundo de la música con poca ayuda ajena. Gracias a su voz, su carrera tuvo un ascenso considerable, llegando a estar cerca de ganar algunos concursos importantes (aunque nunca llegó a hacerlo). Vendió discos en vida, pero su gran éxito vino después de la muerte. Nunca abandonó su Valencia natal para trasladarse a la capital, lo que le habría dado la llave a nuevas puertas. Él no deseaba dejar su tierra, ni a los suyos. Se casó joven, y su familia era un pilar fundamental en su vida, no pasaba mucho tiempo fuera. El conjunto de todo esto desemboca en un tremendo amor de nuestros antepasados por este artista. Y de aquí parte la clave del sentimiento que se ha desarrollado en las nuevas generaciones hacia el cantante.

La obra de Nino Bravo, intencionadamente o no, trata en su mayor parte de la ausencia. Sus temas más conocidos y recordados llevan implícita y explícitamente este mensaje. Cartas amarillas habla de la ausencia de la persona amada y la búsqueda incesante de algún recuerdo suyo para traerlo de vuelta. Libre habla de la ausencia misma de libertad (basada en el primer hombre que intentó cruzar el Muro de Berlín, Peter Fechter), que se puede encontrar tras una alambrada o en la propia mente de cada persona. Según esta canción, la liberación solo se consigue tras la muerte, tras el derrame sobre el pecho del protagonista de "flores carmesí", ya que en esta no existe ninguna cadena más. Noelia no es sino la incesante búsqueda de aquello que se fue para no volver. Esa será mi casa es el canto del que no dejará su hogar aunque le tenga que decir adiós. Y su canción más recordada, Un beso y una flor es una burla a la muerte y a su intención de romper el amor que les une. Es la muerte un simple viaje en el que el único equipaje que necesita es "un beso y una flor, un te quiero, una caricia y un adiós". Nino Bravo promete a su amada que volverá a su lado cultivando una esperanza que más tarde, nosotros traduciremos en nuestros seres queridos.

Gracias a los mensajes de estas canciones podemos rememorar momentos que nos transportan con esa persona que hoy está ausente. Podemos "vivir pensando en sus sonrisas". Volvemos una y otra vez a esos instantes que marcaron nuestra vida en cierto momento gracias a quien todavía nos regala "besos y flores". En mi caso, escuchar estas canciones me lleva a cantar por el pasillo de mi casa intentando imitar la voz de Nino Bravo. A monedas de 100 pesetas y caramelos de Pictolín; a aprender a jugar al tute y pasar tardes enteras entre los visillos de una estufa de mesa; a cassettes que rebobinar para volver a escuchar América América; a cortar la comida con navaja y a latas de atún para almorzar.

Hoy, con cada una de las notas de sus canciones, aletean en mi recuerdo estos momentos congelados por la ausencia.

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