We'll Burn the Sky - Elogio del heavy metal en tres movimientos (Preludio)

Preludio - Música, datos y spotify

Sí, tres movimientos. Nada más y nada menos. Tres movimientos que a su vez constan de un preludio y una coda. Tarea titánica para vosotros, mis lectores. Una tarea que debía hacer, porque si de algo me he dado cuenta en todos estos años que llevo escribiendo intermitentemente este blog, es de que se ha convertido ya por derecho propio en un espacio en el que volcar mis inquietudes. En mi diario musical; sí. En un diario musical a través del cual se puede descifrar (al menos yo puedo hacerlo) gran parte de mis sensaciones, sentimientos o estados de ánimo que he ido experimentando mientras escribía las entradas que realizaba. Y sin duda estos posts van a constituir uno de mis mayores logros introspectivos de mi vida. Pero no nos adelantemos y vayamos al comienzo de esta historia.

Os pondré un poco en situación. Es 2020, el mundo está sufriendo los efectos de un virus llamado Covid-19 que ha cumplido con todas las expectativas que una película apocalíptica podía desear y, aunque parece que mi país (España) ha sobrepasado el peor golpe, todo es incertidumbre y desconcierto. Por no hablar de que la situación mundial es la peor en toda la evolución de la enfermedad. Dentro de esta vorágine cada uno de nosotros ha ido buscando su tabla a la que asirse contra el maremoto. Porque así somos los humanos, si se nos ataca con incertidumbre e inconsistencia lo que hacemos es inventarnos las certezas a las que agarrarnos.

Hay que entender que uno de los pilares fundamentales de mi vida está sostenido por la música. Por eso, cuando durante el confinamiento se me ocurrió (inconscientemente, claro) que debía realizar una cronología de toda la música que he escuchado desde que empecé a tomar conciencia de eso que entendemos como escuchar y no sólo oír, supe al instante qué es lo que intentaba hacer con este acto: intentaba buscar una madera más grande a la que subirme.

Así que me puse a ello. Debéis entender algo, para mí realizar esa tarea no es algo tan imposible como se pudiera pensar, ya que cuando dedicas gran parte de tu tiempo libre a la música, llevar un registro de -más o menos- todo lo que has escuchado no es tan complicado. Pero, evidentemente, había muchas lagunas, había muchos huecos que rellenar, recuerdos que traer de vuelta, sonidos que volver a encajar en mis oídos tras 15 años de espera...en definitiva, había mucho trabajo que hacer. 

Lo que tenía clara era una cosa, me iba a encontrar con mucho, mucho metal. Desde los 13 años, que fue la edad con la que comencé a adentrarme de lleno en la música hasta prácticamente los 17-18, lo único que escuchaba era metal. A partir de ese momento fui abriendo el oído y la mente al resto de estilos. Por eso, uno de mis primeros esfuerzos fue el de recoger todos mis discos físicos, ordenándolos por fecha de escucha. Los que más pistas me proporcionaron fueron estos samples de diversas revistas que me compraba en mis primeros acercamientos al género. 

can you feel it?

Era 2003 y el acceso ilimitado que tenemos ahora mismo a prácticamente toda la música del planeta no existía, por lo que estos discos en los que podías escuchar como mínimo a doce artistas distintos, muy habitualmente de doce estilos diferentes, tenían un precio incalculable. Fue la parte más importante en mi iniciación dentro del mundo de la música pesada, porque gracias a escuchar estos discos y leer estas revistas me hice una idea muy clara de qué era el heavy metal y qué subgéneros contenía. Estaba descubriendo todo un mundo y sus puertas se abrían ante mí recubiertas de cuero y acero.

Pero de momento eso es harina de otro costal (y frases para otra entrada). Lo que nos importa para este preludio es sin duda mi siguiente idea para seguir recopilando música que integrase mi cronología. Y para ello pensé en hacer una recopilación por año de publicación de una gran cantidad de discos. Si me ponía a mirar discos que se publicaron en 2003, en 2004 encontraría muchas más piezas de las que tirar. Eso pensaba. Sé que existen muchas páginas que integran buenas bases de datos en su sistema (algunas como https://www.allmusic.com/ o https://www.discogs.com/), de hecho, las consulto a menudo. Pero no era lo que yo buscaba. Quería algo sencillo y eficiente donde pudiera buscar por año cientos de discos y elegir cuáles había escuchado y cuáles no. Así que como no encontraba una solución que me satisficiera, me puse manos a la obra a realizarlo yo mismo.

Así estaba fusionando mi pasión con mi trabajo de una manera muy satisfactoria. Y aquí me perdonareis que me ponga algo técnico, pero es imprescindible para el resto de la historia conocer todo el proceso que he ido siguiendo. Como os decía, para mí lo principal era conseguir una base de datos que pudiera manejar más o menos a mi antojo. Tras investigar una tarde, me pareció que lo más adecuado era recoger los metadatos de Spotify. Para ello, lo que hice fue realizar llamadas a través de la API de spotify (que tiene una documentación preciosa: https://developer.spotify.com/documentation/web-api/) mediante un script de python en un Jupyter Notebook. Os dejo aquí el código por si a alguien le interesa:

El único problema que te puedes encontrar es que limitan mucho el número de llamadas. A través de la pagination conseguí un total de 2.000 resultados por año. Al final, agrupé todos esos resultados desde el año 1965 y lo matcheé todo con otras llamadas prácticamente iguales para extraer el género del artista. La llamada para álbum no te permite extraer el género, por lo que este paso para mí era fundamental a la hora de organizar la información.

Después de este proceso, conseguí lo que era mi idea inicial: un Gsheets donde tenía toda la información y con la que podía jugar a mi antojo, con datos de discos desde 1965 hasta 2020. Luego me di cuenta que quizás esto le podría servir a más gente, por lo que creé este datastudio con el que todo se visualiza de una forma mucho más gráfica y sencilla (al final un excel es un excel).


Vale, ya pasó. Fin de la parte técnica. Y, ¿por qué esto era importante para la historia? Os preguntaréis no sin razón. Por dos motivos muy sencillos:

  • Uno porque descubrí algo que me voló completamente la mente. No sé si conoceréis a la banda Ghost, unos suecos que se disfrazan de sacerdotes fantastamales y practican un metal curioso. No son santo de mi devoción, ni mucho menos, pero repasando mi BBDD encontré un grupo también llamado Ghost que sacó un disco en el año 1969 también llamado Ghost. Hasta ahí todo parece normal (no os imagináis la cantidad de artistas que se llaman Ghost), pero todo se enreda cuando descubro que el grupo moderno saca a la luz un EP en 2019 donde dicen que "sacan material extraído de los archivos de 1969" (más info sobre el album aquí: https://en.wikipedia.org/wiki/Seven_Inches_of_Satanic_Panic). Para rematar el asunto, el nombrado disco del 69' que encontré en la base de datos me ha sido completamente imposible de encontrar en Spotify. Pero existir, existe. Con un nombre perfectamente apropiado, además.

  • Y segundo, y más importante, porque me di cuenta de algo fundamental. Había podido llegar hasta la curiosa historia de Ghost por el mismo motivo que me había arrastrado hará ya más de 15 años irremediablemente hasta las fauces de la música: porque no podía dejar de buscar más y más música hecha de los hilos que tejen el averno.
Esta revelación vino como algo completamente obvio y, a la vez, totalmente catártico. Aunque siempre lo había sabido, nunca lo había tenido tan claro como en este momento: si bien disfrutaba de cualquier género musical (en un mismo día puedo escuchar a C.Tangana, John Cage, Bob Dylan o James Blake, pasando por Benny Goodman o Robert Johnson) de una forma más frívola o intelectual, el heavy metal es definitivamente lo que me remueve las entrañas y me pone la piel de gallina.

Y así acaba este preludio y comienza el primer movimiento: con una vuelta al origen, a mis comienzos en la búsqueda de los mejores álbumes de una música que marcaría gran parte de mi adolescencia y se uniría a mí para siempre.

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